miércoles, 30 de mayo de 2012

Archivos Desclaficados (Informe Nº: 16). Nombre del archivo: Masacre de Srebrenica (Srebrenica: "Área Segura")


Archivos Desclaficados (Informe Nº: 16). Nombre del archivo: Masacre de Srebrenica (Srebrenica: "Área Segura")
Entre marzo y abril de 1993 varios cientos de bosnios fueron evacuados de la ciudad bajo los auspicios del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). El gobierno bosnio se opuso frontalmente a las evacuaciones, pues veía en ellas una contribución a la limpieza étnica de la zona, en detrimento de la mayoría de población bosnia.
El 16 de abril de 1993, catorce días después de que murieran 56 personas en un bombardeo serbo-bosnio durante una evacuación organizada por el ACNUR, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 819, por la que se declaraba Srebrenica “área segura, libre de ataques y otras acciones hostiles”. Al mismo tiempo, el Consejo de Seguridad declaró otras dos zonas seguras: Zepa y Gorazde. El 18 de abril de 1993 el primer contingente de tropas del UNPROFOR (Fuerzas de Protección de las Naciones Unidas) llegó al enclave de Srebrenica.
Sin embargo, para la protección de dichas zonas seguras no se estableció ningún elemento disuasorio de carácter militar. Si bien el Secretario General de la ONU, Butros Butros-Ghali, había advertido de que serían necesarios 34.000 soldados más para hacer efectiva dicha protección "por la fuerza", la comunidad internacional rehusó aportar tantas tropas y acordó, en su lugar, desplegar 7.500 efectivos. Además, la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR) sólo estaba autorizada a usar la fuerza en defensa propia, y no en defensa de los civiles a los que debían proteger. Posteriormente, Kofi Annan declararía que las áreas seguras no eran de hecho zonas protegidas ni refugios temporales según el derecho internacional humanitario, ni zonas seguras que tuvieran sentido desde el punto de vista militar.

Las autoridades serbo-bosnias volvieron a intentar capturar Srebrenica dado que, al estar junto a la frontera serbia y rodeada de territorio serbio, era a la vez estratégicamente importante y vulnerable. El 13 de abril de 1993 los serbobosnios comunicaron al Alto Comisionado de las Naciones Unidas que atacarían la ciudad en un periodo de dos días si los habitantes no la habían rendido al expirar el plazo. Los bosnios se negaron a rendirse.
Mientras las fuerzas sitiadas en Srebrenica se desmilitarizaron supervisadas por la ONU, las tropas serbias que les acechaban permanecieron bien armadas y se negaron a cumplir con su parte del acuerdo de desmilitarización de la zona. El ejército de la República Sprska (VRS) se organizó en distritos militares y Srebrenica quedó dentro del territorio asignado al Cuerpo de Ejército del Drina. Entre 1.000 y 2.000 soldados de las brigadas del cuerpo del Drina fueron desplegados alrededor del enclave bosnio. Tres fuerzas serbias fueron equipadas con tanques, vehículos armados, artillería y morteros. En cambio, la unidad del ARBiH que permaneció en el enclave, la 28ª División de Montaña, no estaba ni bien organizada ni bien equipada, carecían de una estructura de mando firme así como de un sistema de comunicaciones efectivo. Algunos de sus miembros portaban viejos rifles de caza o no llevaban armas en absoluto, y muy pocos tenían uniformes.
La cámara del ICTY reunió posteriormente evidencias de la existencia de un plan deliberado por parte de los serbios para impedir la llegada a la zona de los convoys de ayuda internacional. Los productos de primera necesidad como las medicinas, la comida y el combustible se hicieron extremadamente escasos en la ciudad y los bosnios, cercados, se quejaron de constates ataques de las fuerzas serbias. Por su parte, los serbios alegaron que las tropas bosnias estaban utilizando el área segura como base desde la que lanzarían un gran ataque contra el VRS, y que el UNPROFOR no estaba haciendo nada para prevenirlo.

Sin embargo, los serbios no fueron los únicos que incumplieron el acuerdo que declaraba Srebrenica “area segura”. De hecho, desde el principio ambas partes lo violaron. El comandante del ARBiH, general Halilović, declararía posteriormente que tan pronto como firmó la declaración de área segura ordenó a sus hombres que sacaran todas las armas y demás equipamientos militares fuera de la zona convenida, cosa que, según él, hicieron. Sin embargo, también admitió que los helicópteros del ejército bosnio habían violado el espacio aéreo protegido y que él mismo había enviado ocho helicópteros cargados con munición para la 28ª División sitiada en la ciudad. Alegó que en términos morales no veía en ello una agresión al acuerdo, puesto que las tropas en la ciudad estaban pobremente armadas. En términos legales y militares, sin embargo, se trató de una violación.

Principios de 1995, la situación se deteriora
A principios de 1995, cada vez menos convoys de suministros conseguían entrar en la ciudad. El contingente holandés Dutchbat que tomó el relevo de dos compañías canadienses a principios de ese año comprobó cómo la situación empeoraba cada vez más. Incluso ellos contaban con cada vez menos alimentos, medicinas, munición y combustible, por lo que se vieron forzados a patrullar la zona a pie. Además, a algunos de sus integrantes que abandonaron el enclave en el curso de dichas patrullas, fueron retenidos por las tropas serbias, de modo que el número de soldados en Srebrenica cayó de 600 a 400. El teniente coronel Thomas Karremans, que estaba al mando de dichas fuerzas, denunció posteriormente que los serbios también impidieron la llegada al enclave de las municiones del UNPROFOR. En marzo y abril, las tropas holandesas dieron aviso de dos concentraciones de tropas serbias cerca de sus puestos de observación ‘’OP Romeo’’ y ‘’OP Québec’’
En marzo de 1995, Radovan Karadžić, presidente de la Republika Sprska, a pesar de la presión de la comunidad internacional y de sus esfuerzos por instaurar un acuerdo de paz, envió una directriz al VRS acerca de la estrategia a seguir en el enclave de Srebrenica. Dicha directriz, conocida como Directriz 7 indicaba que el VRS debía:

’’Completar la separación física entre Srebrenica y Žepa tan pronto como sea posible, impidiendo incluso la comunicación entre los individuos de ambos enclaves. Crear, mediante operaciones de combate bien planificadas, una situación de inseguridad tal, que no haya esperanza de supervivencia de vida alguna para los habitantes de Srebrenica’’.
Tal como se preveía en este decreto, a mediados de 1995 la situación tanto de los bosnios de Srebrenica como del personal militar allí establecido era catastrófica. En mayo, presuntamente siguiendo órdenes, Naser Orić y su personal abandonaron el enclave en helicóptero hacia Tuzla, dejando la 28ª División bajo el mando de suboficiales. A finales de junio y principios de julio el mando de la 28ª División envió una serie de peticiones urgentes para que fuera reabierto cuanto antes el corredor humanitario a la ciudad. Al no ser atendidas sus peticiones, comenzó en Srebrenica la tragedia del hambre. El viernes 7 de julio, en una de sus últimas comunicaciones, el Mayor al mando de la 28ª División comunicó la muerte de 8 habitantes por hambre.

La toma de la ciudad
Debido a la declaración de enclave seguro por la ONU, más de 60.000 civiles se encontraban refugiados en la ciudad cuando el día 2 de julio de 1995, el general serbobosnio Ratko Mladić decidió atacar Srebrenica. El día 6 de julio, dos columnas del VRS penetraron 4 km en el área segura para detenerse a tan sólo uno de la ciudad. El 8 de julio, un blindado holandés que obstaculizaba el avance fue atacado por los serbios y se retiró. Un grupo de bosnios exigió que el vehículo permaneciese en la zona y les ayudase. Cuando éstos se negaron, un bosnio arrojó una granada de mano contra el vehículo, causando la muerte del soldado Raviv van Rensen.20 Al comprobar la escasa resistencia por parte de las fuerzas bosnias, así como la ausencia de reacción internacional alguna, el presidente Karadžić envió una nueva directriz autorizando la toma de la ciudad por parte del Cuerpo de Ejército del Drina.
Al amanecer del 10 de julio las tropas del Dutchbat hicieron disparos de advertencia por encima de las tropas serbias, y lanzaron bengalas con morteros, pero nunca abrieron fuego directo contra ellos. El Teniente-Coronel Thomas Karremans hizo peticiones urgentes de apoyo aéreo a la OTAN, que por diferentes motivos fueron denegadas, y llegaron demasiado tarde, con el ataque de dos F-16 holandeses sobre carros de combate del VRS. Finalmente, el 11 de julio la ciudad cayó en manos serbobosnias. 25.000 civiles, en su mayoría mujeres y niños se dirigieron a la fábrica de baterías de Potočari, el cuartel general de los cascos azules, 5 km al norte de la ciudad, para ponerse bajo la protección de los soldados de la ONU, mientras 15.000 civiles, (hombres y combatientes del ARBiH) trataron de escapar de la amenaza que se cernía sobre ellos, emprendiendo la huida a través de los bosques hacia Tuzla. El mismo día que cayó la ciudad, a las 2:30 PM, los F-16 de la OTAN atacaron algunos tanques del VRS que avanzaban hacia la ciudad. Se planificó también el bombardeo de las posiciones artilleras serbias en torno a la ciudad, pero la operación se canceló debido a la escasa visibilidad. Finalmente, la OTAN canceló todas sus operaciones cuando el VRS amenazó con matar a 55 soldados holandeses que habían tomado como rehenes, así como con bombardear la fábrica de Potočari, donde, además de los miles de civiles, se encontraban los soldados holandeses del UNPROFOR.

lunes, 28 de mayo de 2012

Masacre de Srebrenica Lugar: Bosnia-Herzegovina

Masacre de Srebrenica Lugar: Bosnia-Herzegovina


Archivos Desclaficados Informe Nº: 16 Nombre del archivo: Masacre de Srebrenica Lugar: Bosnia-Herzegovina Fecha: 13 al 22 de julio de 1995 Cargos: Genocidio. Victimas: Aproximadamente unas 8.000 personas6 de etnia bosnia.

Imputados: Unidades del Ejército de la República Srpska, el VRS, bajo el mando del general Ratko Mladić, así como un grupo paramilitar serbio conocido como “Los Escorpiones”.

Antecedentes
La Masacre de Srebrenica, también conocida como Genocidio de Srebrenica consistió en el asesinato de aproximadamente unas 8.000 personas de etnia bosnia en la región de Srebrenica, en julio de 1995, durante la Guerra de Bosnia. Dicho asesinato masivo, llevado a cabo por unidades del Ejército de la República Srpska, el VRS, bajo el mando del general Ratko Mladić, así como por un grupo paramilitar serbio conocido como “Los Escorpiones”, se produjo en una zona previamente declarada como "segura" por las Naciones Unidas ya que en ese momento se encontraba bajo la supuesta protección de 400 cascos azules holandeses. Aunque se buscó especialmente la eliminación de los varones musulmanes bosnios, la masacre incluyó el asesinato de niños, adolescentes, mujeres y ancianos, con el objetivo de conseguir la limpieza étnica de la ciudad. Tras los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra, Srebrenica quedó ubicada en la subdivisión del país denominada República Srpska, que agrupa al 90% de los serbios de Bosnia.



En su sentencia condenatoria al general serbo-bosnio Radislav Krstić, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (ICTY), calificó los acontecimientos de Srebrenica como un acto de genocidio, ya que este hecho constituye el mayor asesinato masivo en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Theodor Meron, el juez que presidió la Cámara declaró que:



“Buscando eliminar a una parte de la población bosnia musulmana, las fuerzas serbo-bosnias cometieron genocidio. Seleccionaron para su extinción a cuarenta mil bosnios musulmanes que vivían en Srebrenica, un grupo particularmente emblemático entre los bosnios musulmanes en general. Despojaron a todos los varones prisioneros, tanto militares como civiles, jóvenes como mayores, de sus pertenencias e identificaciones; y deliberada y metódicamente los eliminaron, únicamente en razón su identidad”.



Posteriormente, el Tribunal Internacional de Justicia ratificó la sentencia del ICTY y, del mismo modo, calificó los hechos como genocidio. La lista de las personas asesinadas o desaparecidas elaborada por la Comisión Federal de Personas Desaparecidas incluye 8.373 nombres.



Los dos máximos responsables del genocidio fueron finalmente capturados por el gobierno de Serbia, tras años de presión de la comunidad internacional: el Presidente de la República Srpska, Radovan Karadžić, el 21 de julio de 2008; y el Comandante en Jefe del ejército serbobosnio, Ratko Mladić, el 26 de mayo de 2011



miércoles, 23 de mayo de 2012

PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (2ª parte)

Informe Nº: 15
Nombre del archivo: Persecución religiosa durante la Guerra Civil Española
La Guerra Civil
Represión en el bando republicano
El colapso del sistema legal republicano y de poder estatal en los días siguientes a la sublevación militar del 18 de julio de 1936, junto a la decisión tomada de facilitar armamento a los civiles, facilitaron el estallido de la revolución popular durante la cual milicias y tribunales revolucionarios se hicieron rápidamente con el control de las ciudades, pueblos y aldeas de la zona republicana en sustitución del Gobierno, que no pudo reaccionar y recuperar la autoridad hasta varios meses más tarde.
La Revolución fue acompañada en los primeros meses por una escalada de terror anticlerical que sólo entre el 18 y el 31 de julio, causó la muerte a 839 religiosos, prosiguiendo durante el mes de agosto con otras 2.055 víctimas, incluyendo a 10 de los 13 obispos asesinados en el total de la guerra, es decir, un 42% del total de víctimas registradas. Los efectos de esta violencia, dirigida no solo contra la Iglesia, sino contra todos aquellos que se consideraban identificados con la sublevación o, simplemente, enemigos de clase, corrieron en paralelo con la que se ejerció en el mismo período en la zona de control de los sublevados, con casi el 80% de los 7.000 civiles asesinados en Zaragoza y el 70% de los 3.000 de Navarra en toda la contienda, víctimas durante el año 1936.

Los asesinatos de religiosos y la destrucción de edificios de culto sucedieron inmediatamente a las noticia de la insurrección sin que en ocasiones quedara claro que bando se haría con el control definitivo de la localidad. Así, el 20 de julio murieron frailes carmelitas en Barcelona, en medio del enfrentamiento entre un regimiento del Ejercito, que se hallaba atrincherado en el convento, con la milicias revolucionarias y las fuerzas de orden público leales a la República, mientras que en Sevilla las iglesias ardían la misma tarde del 18 de julio resultando muertos el párroco de la barriada obrera de San Jerónimo y un salesiano vestido de civil, cuyo cadáver fue arrojado a la iglesia en llamas de San Marcos.

La mayoría de las víctimas asesinadas fueron parte del clero masculino y por fusilamiento en los llamados paseos, nombre eufemístico con el que se conoció al procedimiento y aplicación arbitraria del asesinato político, sin ningún tipo de juicio o tribunal previo. A imagen de otros numerosos episodios de brutalidad en ambos bandos, hubo casos en que las víctimas sufrieron torturas y otros abusos antes de morir, como los casos de Carmen García Moyón, muerta tras ser quemada viva en Torrente el 30 de enero de 1937, Plácido García Gilabert, muerto tras sufrir mutilaciones el 16 de agosto de 1936 o Carlos Díaz, enterrado aún con vida en el cementerio de Agullent, siendo poco más tarde fusilado.

Uno de los ejemplos más destacados entre los casos de la brutalidad revolucionaria durante el verano de 1936 aconteció en la diócesis de Barbastro, la de mayor mortandad del país entre sus miembros incardinados pues se causó la muerte a 123 de los 140 sacerdotes, es decir, el 88% de sus miembros, incluyendo a su obispo, además de 51 frailes claretianos, 18 benedictinos y 9 escolapios, pero en la que no sufrió la misma suerte ninguna de las religiosas. En otras diócesis la proporción de religiosos asesinados alcanzó cifras considerables, como la de Lérida con el 66% de miembros ejecutados, Tortosa el 62%, Málaga al 48%, Menorca el 49%, Segorbe el 55% o la de Toledo, que perdió al 48% de los religiosos. En las grandes ciudades, los porcentajes relativos son inferiores, pero superan a muchas otras en términos absolutos: Madrid, con 334 sacerdotes fusilados, perdió al 30% de su comunidad religiosa, Barcelona al 22% con 279 muertos y Valencia al 27%, con 327 víctimas.

Tras el sangriento mes de agosto del 1936, diversos dirigentes del bando republicano realizaron declaraciones justificando la violencia anticlerical desde la perspectiva política, considerando que la Iglesia se había posicionado ella misma, por su apoyo al bando sublevado, como parte beligerante de la contienda y por lo tanto, enemigo de la República. Aunque visibles desde los primeros días de la guerra en algunas unidades de combate como las de Navarra, donde muchos religiosos se habían integrado en las unidades de requetés para acompañar a los combatientes, como recuerda un testigo, los casos en la que los religiosos empuñaron armas fueron escasos y en circunstancias poco claras, como recuerda el hispanista Ranzato, pues según él, solo se ha podido confirmar un único episodio en los una iglesia participó en los combates armados, el caso de las Carmelitas de la Diagonal de Barcelona.

La violencia en contra de la Iglesia Católica era asumida por los líderes obreros. Así, el líder del POUM, Andrés Nin, en un mitin llevado a cabo el 1 de agosto de 193629 proclamó que la "cuestión religiosa", a diferencia de la ineficaz legislación republicana "burguesa", había sido "resuelta" gracias a la acción revolucionaria de la clase obrera:

“La clase obrera ha resuelto el problema de la Iglesia, sencillamente no ha dejado en pie ni una siquiera [iglesias] (...) hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto”.

Andrés Nin, La Vanguardia, 2/08/36. Biblioteca de La Vanguardia
Por su parte, en un artículo de opinión en Solidaridad Obrera, el órgano de expresión de la CNT, del 15 de agosto de 1936, se comentaba los planes por moderar la revolución en algunos aspectos a excepción del conflicto con la Iglesia, ilustrando la intransigencia anticlerical de parte del movimiento revolucionario:

“Los templos no servirán más para favorecer alcahueterías inmundas. Las antorchas del pueblo las han pulverizado (...) Las órdenes religiosas han de ser disueltas. Los obispos y cardenales han de ser fusilados. Y los bienes eclesiásticos han de ser expropiados”.
Solidaridad Obrera, 15/08/3631
A partir de 1937, con la llegada a la presidencia del Consejo de Ministros de Largo Caballero y la formación de un Gobierno de unidad (el denominado Gobierno de la Victoria) que incorporó a un católico, representante del Partido Nacionalista Vasco, Manuel de Irujo, y ante la presión de la opinión pública internacional, se impuso paulatinamente el control gubernamental y los episodios de represión, de todo tipo, se hicieron más esporádicos y localizados, si bien asesinatos de sacerdotes, religiosos y laicos católicos continuaron teniendo lugar hasta el final de la guerra, con un breve repunte de violencia simultáneo a la retirada del Ejército Popular del frente de Cataluña hacia la frontera hispano-francesa en el que resultaron muertos, entre otros elementos relevantes identificados con el bando franquista, el obispo de Teruel, Anselmo Polanco y Felipe Ripoll, vicario general de la misma diócesis, que fueron ejecutados el 7 de febrero de 1939 en Pont de Molins.

Irujo, que fue ministro sin cartera de septiembre de 1936 a mayo de 1937 en los dos Gobiernos de Largo Caballero, y ministro de Justicia en de Negrín el 18 de mayo de 1937, fue el encargado del memorándum sobre la persecución religiosa presentado al Consejo de Ministros en el que se daba cuenta de la magnitud de lo acontecido:

“La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente: a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales. e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales los han ocupado en su edificación obras de carácter permanente. f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos. g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso. h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda”.

Los planteamientos de Irujo comenzaron a dar sus frutos tímidamente cuando entró como titular de Justicia en el Gobierno de Negrín, al proponer el restablecimiento, aunque de manera restringida, del culto católico y el retorno de los obispos catalanes. Pero las medidas llegaron demasiado tarde y así, el mismo vicario de Barcelona se negó a exponer el culto público, como tampoco aceptó el retorno del arzobispo de Tarragona Francisco Vidal y Barraquer, quien había sido salvado por la Generalidad de las milicias anarquistas y se había negado a firmar la Carta colectiva del Episcopado Español, ni el Vaticano el envío de un legado a la Cataluña republicana.

La presión de la opinión pública internacional, en cuya concienciación tuvo influencia dicha Carta, redactada por Gomá en febrero de 1937, se manifestó por las protestas de organizaciones y de representantes diplomáticos. Destacó la actuación del embajador de Francia, Erik Labonne, protestante practicante y favorable a la causa republicana, quien el 16 de febrero de 1938 envió un extenso informe a su ministro de Asuntos Exteriores donde se atestigua el descrédito sufrido por el bando republicano como resultado de la violencia religiosa:
“¡Qué espectáculo!... desde hace cerca de dos años y después de afrentosas masacres en masa de miembros del clero, las iglesias siguen devastadas, vacías, abiertas a todos los vientos. Ningún cuidado, ningún culto. Nadie se atreve a aproximarse a ellas. En medio de calles bulliciosas o de parajes desiertos, los edificios religiosos parecen lugares pestíferos. Temor, desprecio o indiferencia, las miradas se desvían. Las casas de Cristo y sus heridas permanecen como símbolos permanentes de la venganza y del odio. En las calles, ningún hábito religioso, ningún servidor de la Iglesia, ni secular ni regular. Todos los conventos han sufrido la misma suerte. Monjes, hermanas, frailes, todos han desaparecido. Muchos murieron de muerte violenta. Muchos pudieron pasar a Francia gracias a los meritorios esfuerzos de nuestros cónsules, puerto de gracia y aspiración de refugio para tantos españoles desde los primeros días de la tormenta. Por decreto de los hombres, la religión ha dejado de existir. Toda vida religiosa se ha extinguido bajo la capa de la opresión del silencio. A todo lo largo de las declaraciones gubernamentales, ni una palabra; en la prensa, ni una línea. Sin embargo, la España republicana se dice democrática. Sus aspiraciones, sus preocupaciones políticas esenciales, la empujan hacia las naciones democráticas de Occidente. Su Gobierno desea sinceramente, así lo proclama, ganar la audiencia del mundo, hacer evolucionar a España según sus principios y siguiendo sus vías. Como ellas, se declara partidario de la libertad de pensamiento, de la libertad de conciencia, de la libertad de expresión. Hace mucho tiempo ha aceptado el ejercicio del culto protestante y del culto israelita. Pero permanece mudo hacia el catolicismo y no lo tolera en absoluto. Para él el catolicismo no merece ni la libre conciencia, ni el libre ejercicio del culto. El contraste es tan flagrante que despierta dudas sobre su sinceridad, que arrastra el descrédito sobre todas sus restantes declaraciones y hasta sobre sus verdaderos sentimientos. Sus enemigos parecen tener derecho a acusarle de duplicidad o de impotencia. Como su interés, como infinitas ventajas le llevarían con toda evidencia a volverse hacia la Iglesia, se le acusa sobre todo de impotencia. A pesar de sus denegaciones, a pesar de todas las pruebas aducidas de su independencia y de su autonomía, se le cree ligado a las fuerzas extremistas, a los ateísmos militantes, a las ideologías extranjeras. Si fuera verdaderamente libre, se dice, si su inspiración e influencias procedieran efectivamente de Inglaterra o de Francia, ¿cómo ese Gobierno no ha atemperado el rigor de sus exclusivismos, olvidando su venganza, y reniega de su ideología?”

Represión en el bando franquista
Si la inmensa mayoría de las muertes fueron causadas por acción de partidarios del bando republicano, en el otoño de 1936 tras la toma de control, por parte de las tropas del general Mola, de la práctica totalidad de Guipúzcoa, tampoco pudieron escapar de la represión 16 sacerdotes, 13 diocesanos y 3 religiosos miembros de la Iglesia Católica considerados hostiles por el bando sublevado en el País Vasco, donde mientras se había mantenido el control por parte del gobierno leal a la República, no se produjeron episodios masivos de violencia contra las personas o los bienes eclesiásticos como en el resto del territorio republicano.
Martín de Lekuona y Gervasio de Albizu, vicarios en la parroquia guipuzcoana de Rentería fueron fusilados el 8 de octubre de 1936. A estos les siguieron el cura y escritor José de Ariztimuño "Aitzol", Alejandro de Mendikute y José Adarraga, ejecutados en Hernani el 17 de octubre de 1936. El 24 de octubre fueron fusilados José Iturri Castillo, párroco de Marín, así como a los también sacerdotes Aniceto de Eguren, José de Markiegi, Leonardo de Guridi y José Sagarna, mientras que en el cementerio de Oyarzun fue muerto el arcipreste de Mondragón, José de Arin. El 27 de octubre fue muerto el vicario de Marquina y al día siguiente, el cura auxiliar de Elgóibar. En el mismo mes se acabó con la vida de los padres Lupo, Otano y Román, del convento de los carmelitas de Amorebieta.
El embajador de Estados Unidos en España durante la guerra civil, Claude Bowers, se refirió a aquellos hechos en los siguientes términos:

“...esta lealtad de los católicos vascos a la democracia ponía en un aprieto a los propagandistas que insistían en que los moros y los nazis estaban luchando para salvar a la religión cristiana del comunismo”.



Claude Bowers, Misión en España: en el umbral de la Segunda Guerra Mundial 1933-1939, cap. El martirio de los vascos. Ed. Exito, 1978, ISBN 84-253-9223-3
Isidro Gomá fue informado de los casos el 26 de octubre por una nota del presidente de la Junta de Acción Católica de San Sebastián y tras reunirse con Franco, envió una nota el 8 de noviembre a la Santa Sede en la que daba parte de que lo ocurrido se había producido "por abuso de autoridad por parte de un subalterno" y de la promesa de Franco de que "no ocurrirá fusilamiento alguno de sacerdotes sin que se observen juntamente con las leyes militares las disposiciones de la Iglesia". Sin embargo, la opinión pública no supo del posicionamiento de Gomá y el 22 de diciembre, el lehendakari José Antonio Aguirre en una alocución para Radio Bilbao denunció además del asesinato, la persecución y destierro de sacerdotes por "ser amantes del pueblo vasco", intervención que fue replicada desde Pamplona el 13 de enero de 1937 por el cardenal en su Carta abierta al Sr. Aguirre negando los motivos expuestos por Aguirre, y explicando que dichos religiosos fueron fusilados "por haberse apeado del plano de santidad en el que tenían que haber permanecido". La posición oficial de la Iglesia Católica española y de autores afines insisten en afirmar la diferenciación, por motivos políticos "asociados al separatismo vasco",36 de éstas víctimas.

Otros episodios de violencia en contra de religiosos vascos por el bando sublevado acontecieron en el bombardeo indiscriminado de Durango, el 31 de marzo de 1937, en el que resultaron muertos 14 monjas y dos sacerdotes, entre ellos el padre Morilla que falleció mientras oficiaba una misa. De mayor impacto en la opinión pública católica internacional resultó el bombardeo de Guernica, pocos días después, el 26 de abril, del que fue testigo el sacerdote Alberto Ondaindía. Tras estos acontecimientos, las protestas de los medios en el extranjero se hicieron notar y así el filósofo convertido al catolicismo Jacques Maritain declaró:
“...si creen que han de matar, en nombre del orden social o de la nación, lo cual ya es bastante horrible, pero que no maten en nombre del Cristo Rey, que no es un jefe guerrero, sino un rey del perdón y de la caridad”.
Jacques Maritain en "El mito de la Cruzada de Franco" de Herbert R. Southworth, citado por (Casanova 2005; 164)

La reacción de Gomá y Franco ante la creciente polémica generada en el seno del catolicismo internacional fue la de preparar la Carta colectiva de los Obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la Guerra de España, firmada el 1 de julio de 1937, por la que se confirmó el apoyo definitivo de la jerarquía de la Iglesia española al bando franquista. Suscrita por 43 obispos y 5 vicarios capitulares, no contó sin embargo con la firma ni del obispo de Vitoria Mateo Múgica, quien alegó a las circunstancias de su exilio para no rubricarla, ni del arzobispo de Tarragona, Vidal y Barraquer. Impresa en francés, italiano e inglés, declaraba a la opinión pública internacional que siendo la Iglesia española "víctima inocente, pacífica, indefensa" de la guerra, apoyaba la causa del bando garante de "los principios fundamentales de las sociedad" antes "de perecer totalmente en manos del comunismo" que había provocado la revolución "antiespañola" y "anticristiana" y que llevaba "asesinados a más de 300.000 seglares"
Otros actos de represión contra religiosos que acontecieron en territorio bajo control franquista y que cayeron en el olvido, han sido investigados desde los años noventa. En Mallorca fue ejecutado el 7 de junio de 1937, tras consejo de guerra, Jeroni Alomar Poquet, sacerdote acusado por los franquistas de utilizar un radiotransmisor para comunicarse con sus enemigos y abandonado por la jerarquía eclesiástica de la isla, que justificó su asesinato al considerarlo "díscolo" e "izquierdista". En Galicia, Andrés Ares Díaz, párroco de Val do Xestoso fue asesinado por falangistas el 3 de octubre de 1936, acusado de ofrecer el dinero de una colecta al Socorro Rojo.

El profesor Antonio Aramayona por su parte, destaca el caso de José Pascual Duaso, cura de Loscorrales, fusilado según el autor, por "comunista" al distribuir la leche de su vaca entre los necesitados del lugar.







Finaliza mañana



martes, 22 de mayo de 2012

SANTOS CRISTÓBAL MAGALLANES Y COMPAÑEROS,

SANTOS CRISTÓBAL MAGALLANES Y COMPAÑEROS,

MÁRTIRES DE MÉXICO EN EL SIGLO XX.
El 21 de mayo del año 2000, el papa Juan Pablo II canonizó a 25 mártires de la persecución religiosa desatada en México; 22 eran sacerdotes del clero secular y 3 jóvenes laicos, colaboradores de sus párrocos; todos ellos aceptaron libre y serenamente el martirio en distintos lugares y fechas, de 1915 a 1937, como testimonio de su fe, perdonando explícitamente a sus perseguidores. La fiesta particular de cada uno se celebra el día de su muerte. He aquí sus nombres y la fecha de su martirio:
- Cristóbal Magallanes, 25 de mayo de 1927;
- Agustín Caloca, 25 de mayo de 1927;
- Atilano Cruz, 1 de julio de 1928;
- David Galván, 30 de enero de 1915;
- David Roldán (laico), 15 de agosto de 1926;
- David Uribe, 12 de abril de 1927;
- Jenaro Sánchez, 18 enero de 1927;
- Jesús Méndez, 5 de febrero de 1928;
- José Isabel Flores, 21 de junio de 1927;
- José María Robles, 26 de junio de 1927;
- Julio Álvarez, 30 de marzo de 1927;
- Justino Orona, 1 de julio de 1928;
- Luis Batis, 15 de agosto de 1926;
- Manuel Morales (laico), 15 de agosto de 1926;
- Margarito Flores, 12 de noviembre de 1927;
- Mateo Correa, 6 de febrero de 1927;
- Miguel de la Mora, 7 de agosto de 1927;
- Pedro de Jesús Maldonado, 11 de febrero de 1937;
- Pedro Esqueda, 22 de noviembre de 1927;
- Rodrigo Aguilar, 28 de octubre de 1927;
- Román Adame, 21 de abril 1927;
- Sabas Reyes, 13 de abril de 1927;
- Salvador Lara (laico), 15 de agosto de 1926;
- Toribio Romo, 25 de febrero de 1928;
- Tranquilino Ubiarco, 5 de octubre de 1928.





PERSECUCIÓN RELIGIOSA DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Archivos Desclaficados (Informe Nº: 15)


Nombre del archivo: Persecución religiosa durante la Guerra Civil Española

Antecedentes: anticlericalismo y desencuentros con el republicanismo

A lo largo de la historia contemporánea de España anterior a la guerra civil de 1936, la violencia ejercida en contra de las personas relacionadas con la Iglesia Católica, los símbolos de su religión o sus intereses, ha sido estudiada por su carácter recurrente y prolongado en el tiempo como uno de los rasgos más destacados del anticlericalismo español, que surgido en el ideario político liberal, luego sería retomado por las corrientes republicanas más radicales y del movimiento obrero. Los asesinatos en el bienio de 1822-1823 (durante el Trienio Liberal), la matanza de sacerdotes en Madrid de 1834 (durante la Primera Guerra Carlista) y luego, durante las otras Guerras Carlistas o los episodios de la Semana Trágica de Barcelona de 1909 son los ejemplos de violencia más significativos del periodo anterior al establecimiento de la Segunda República,6 y muestran la existencia de un significativo sentimiento anticlerical en la sociedad española.

En vísperas de la proclamación republicana, la Iglesia Católica era una institución identificada por una parte importante de la sociedad española con parte de los estamentos del poder heredados del Antiguo Régimen junto a la Corona, a la que apoyaba en su acción política en la misma extensión que la de los sectores promonárquicos y de la oligarquía, coincidiendo en las reclamaciones para conservar sus privilegios sociales y económicos tradicionales. Desde esta perspectiva también, la mayoría del clero se había asociado a los intereses de la clase propietaria e incluso, se le asimilaba directamente con esta clase social. Los medios de comunicación y el discurso de los políticos, generalmente desde los movimientos obreros y el republicanismo, pero también desde algunas posiciones reformistas del propio movimiento monárquico, justificaban e incluso alentaban la hostilidad de las clases populares hacia la Iglesia y su jerarquía.



Durante la campaña electoral para las elecciones municipales de abril de 1931, que llevaría al cambio de régimen en España, y a pesar de la presencia de católicos como Niceto Alcalá Zamora o Miguel Maura en las filas republicanas, buena parte de los miembros de la Iglesia vincularon la doctrina católica con la del ideario de los partidos monárquicos pero tras la derrota de estos y en los días posteriores inmediatos a la proclamación de la Segunda República, la jerarquía católica, a pesar de sus reticencias iniciales, justificadas en que el gobierno se llamaba a sí mismo "provisional" y en que el rey no había abdicado, terminó por acatar formalmente la forma del nuevo régimen. Así, esta línea de actuación se pudo constatar en las instrucciones que los distintos obispados transmitieron a los sacerdotes para que no intervinieran en cuestiones políticas, como reflejó la nota del obispado de Gerona del 18 de abril en el boletín de la diócesis:



1º Procuren los reverendos sacerdotes no mezclarse en contiendas políticas, a tenor de los sagrados cánones.



2º Permanezca cada uno en su puesto, cumpliendo celosamente las funciones propias de su cargo; y en cuanto a la predicación, eviten las alusiones directas o indirectas al estado actual de cosas, desempeñando ese importante ministerio con la más exquisita prudencia.



3º Guarden con las autoridades seculares todos los respetos debidos y colaboren con ellas, por los medios que les son propios, en la prosecución de sus nobles fines.



El cardenal primado, Pedro Segura declaró a las pocas semanas que "monarquía y república caben en la doctrina católica" y en una pastoral fechada el 30 de abril de 1931, aconsejó a los monárquicos "discutir noblemente cuando se trate de la forma de gobierno de nuestra noble nación".



Sin embargo, a medida que se fueron conociendo los planes de actuación del nuevo Gobierno, en el mes de mayo de 1931, la prensa madrileña reflejó la división de opiniones en el seno de los sectores católicos, divididos entre los que desde las posiciones más "integristas" o "rupturistas", encabezada entre otros por el cardenal primado Segura10 mantenían la identificación del catolicismo con la monarquía, y los que aceptaban la República8 según la posición llamada "vaticana", que aunque conservadora, abogaba por posturas legalista y conciliadoras.



Segura decidió expresar su posición publicando el 7 de mayo en la prensa una carta pastoral, la primera publicada por un cardenal desde el 14 de abril, en la que denunciaba los planes del nuevo régimen, al que comparaba con el bolchevique, para realizar "ataques a los derechos de la Iglesia", como el matrimonio civil o el divorcio, que el hispanista Gabriel Jackson comentaba del siguiente modo:



Fue la primera declaración pública del cardenal desde la proclamación de la República. En ella se refería repetidas veces a las graves amenazas de anarquía a que España se veía expuesta. Aunque la Iglesia no se preocupaba de formas régimen, deseaba expresar la gratitud a S.M.[...] Recordó el ejemplo de Baviera en 1919 [durante la revolución espartaquista], cuando la población católica salvó al país de una breve ocupación bolchevique, sugiriendo, por tanto, por analogía, que el gobierno provisional de la República era de la misma categoría que el régimen comunista de la breve revolución bávara. Por ataques a los derechos de la Iglesia, el cardenal entendía la bien conocida determinación del nuevo régimen de separar la iglesia del Estado, organizar un sistema de enseñanza laica e introducir el matrimonio civil y el divorcio.



Gabriel Jackson; 48



Al día siguiente, Segura prosiguió, ignorando los consejos de moderación de la Secretaría de Estado del Vaticano, enviando una circular interna en la que instaba a los religiosos a retirar los fondos de sus cuentas bancarias del país y depositarlos en el extranjero[cita requerida], acción que en caso de producirse, contravendría las disposiciones en contra de la fuga de capitales adoptadas por el Gobierno provisional. La respuesta del ministro de la Gobernación, el católico Miguel Maura, a ambos escritos fue la de decretar la expulsión del país del cardenal, hecho que no se completó hasta varias semanas más tarde. La actitud del sector "integrista" fue entonces considerada como una provocación, contribuyendo a avivar el sentimiento anticlerical que surgiría en los episodios del 10 de mayo de 1931 en Madrid.



Aquella jornada dominical, tras una reunión de personas derechistas en la inauguración del Círculo Monárquico Independiente, fue colocado un altavoz en el que podía oírse la Marcha Real, en la calle de Alcalá de Madrid, cuando numerosos ciudadanos regresaban del tradicional paseo por El Retiro. El enfrentamiento entre los asistentes al acto monárquico y los ciudadanos que les recriminaban su actitud fue aprovechado por simpatizantes de la extrema izquierda, que habían planificado actos de protesta con motivo de la reunión derechista, para provocar disturbios violentos en la proximidad de edificios de filiación monárquica, como en la sede del diario ABC, donde la Guardia Civil pudo controlarlos, pero en los que resultaron muertas dos personas, un niño de 13 años y el portero de una finca, primeras víctimas mortales tras la proclamación pacífica de la República en abril. Al día siguiente, las protestas, que habían concentrado a 5.000 personas en la Puerta del Sol en contra del ministro de Gobernación y de las fuerzas de orden, se reanudaron pero esta vez, con la convocatoria de una huelga general por parte de la CNT y del Partido Comunista, pero sin el apoyo del sindicato y partido socialistas, en la que se incrementó el carácter violento anticlerical resultando incendiadas varias iglesias, colegios religiosos y conventos sin que el Gobierno, entonces dividido, decidiera usar la fuerza para evitarlo. Los destrozos se extendieron a otras ciudades en la jornada del 11 de mayo, como Málaga, donde ardió el palacio episcopal, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Murcia o Valencia, provocando el pánico entre frailes y monjas. Para cuando se hubo controlado la situación, el día 15 de mayo, un centenar de edificios habían sido afectados por los incendios provocados.



El episodio trajo a la memoria los acontecimientos anteriores de la Semana Trágica de 1909, mucho más graves en cuanto a daños personales y materiales, pero que por su proximidad a la fecha de proclamación de la República, fue posteriormente utilizado por los medios de propaganda como referencia temporal y justificación de la causa del bando vencedor, como recordaban las palabras de un sacerdote:



“Fue a partir de aquel día cuando comprendí que nada se conseguiría por medios legales, que para salvarnos tendríamos que sublevarnos antes o después”.



Testimonio de Alejandro Martí, recopilado por Roland Fraser en Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, v. II, pg. 322-327. Citado en (Casanova 2005; 34)



Pocas semanas después de los disturbios anticlericales, la definitiva expulsión de Segura tras su arresto el 11 de junio en Pastrana, perpetuado por unas célebres imágenes tomadas por los reporteros gráficos que cubrían el evento, sirvió para acrecentar el cruce de acusaciones y caldear aún más el clima de tensión social generado, si bien la Santa Sede anunció la renuncia a la sede primada de Toledo del cardenal Segura el 30 de septiembre de 1931.



En los meses que siguieron, durante los debates de ponencia de la nueva Constitución se plasmó nuevamente la divergencia entre los sectores católicos, una parte de ellos representados desde abril por la asociación Acción Nacional, que iría aumentando progresivamente su influencia en la escena política, y los republicanos laicistas. La Constitución estipulaba, en su artículo 26, párrafo 3, la separación entre Iglesia y Estado y el sometimiento de las órdenes religiosas "que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado" (en referencia a su obediencia al Vaticano), a un Estatuto especial por el que se les prohibía la enseñanza. También se contemplaba la finalización de las partidas del presupuesto del Estado correspondientes a Culto y Clero, extinguiendo la vía pública de financiación de la Iglesia Católica. En un parlamento en el que, en virtud de la ley electoral, la conjunción republicano-socialista había obtenido una holgada mayoría parlamentaria, tras las elecciones de junio de 1931, el artículo 26 fue aprobado con 178 votos a favor y 59 en contra, pero sumó numerosas abstenciones y provocó la retirada de 42 diputados de los partidos agrarios y de los representantes vasco-navarros. Las disposiciones constitucionales, una vez aprobado el texto el 9 de diciembre de 1931, llevaron a la disolución en el país de la Compañía de Jesús, el 24 de enero de 1932, lo que provocó que la mayoría de los jesuitas partiera al exilio.



En las postrimerías del bienio reformista, el 17 de mayo de 1933, el gobierno aprobó la controvertida Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, aprobada por las Cortes el 2 de junio de 1933, y reglamentada por un Decreto de 27 de julio por la que se desarrollaba el carácter laico del Estado según estipulaba la Constitución. La ley confirmaba la prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas, a la vez que se declararon de propiedad pública los monasterios e iglesias. Sin embargo, la ley que afectaba a la escolarización de más de 350.000 alumnos en un país donde el 40% de la población era analfabeta, fue en la práctica suspendida por la imposibilidad del Gobierno de izquierdas, derrotado en las elecciones del mes de noviembre, de construir el número suficiente de escuelas primarias en sustitución de las dependientes de la Iglesia.



La respuesta a todas estas actuaciones del Gobierno de izquierdas se plasmó en múltiples reacciones de los sectores católicos: el arzobispo de Tarragona y cardenal Francisco Vidal y Barraquer, más tarde salvado de la persecución por el Gobierno catalán, firmo una carta episcopal (25 de mayo de 1933), por la que se condenaba lo que calificaba de injerencia gubernamental y se llamaba a la movilización política de los católicos contra todo lo que "amenazara a los derechos integrales de la Iglesia". Enrique Herrera Oria, dirigente de la Federación de Amigos de la Enseñanza definió la Ley como "de la guerra civil de la cultura", mientras que desde el carlismo, Manuel Fal Conde consideraba que los católicos debían defenderse "con su sangre incluso".16 Por su parte, el 3 de junio, el papa Pío XI, quien el 12 de abril de 1933 nombró a Isidro Gomá, obispo de Tarazona, nuevo cardenal primado de España, dedicó expresamente la encíclica Dilectísima Nobis a "condenar el espíritu anticristiano del régimen español", afirmando que la Ley de Congregaciones "nunca podrá ser invocada contra los derechos imprescriptibles de la Iglesia" y animando a la unión de los católicos contra la República:



“...ante la amenaza de daños tan enormes, recomendamos vivamente a los católicos de España que, dejando a un lado recriminaciones y lamentos y subordinando al bien común de la patria y de la religión todo otro ideal, se unan todos, disciplinados, para la defensa de la fe y para alejar los peligros que amenazan a la misma sociedad civil”.



Gil Pecharromán, "La cuestión religiosa", en Artehistoria



La movilización religiosa del electorado, que en estas elecciones tuvo una candidatura única a la que votar, tras una dura campaña en la que los medios conservadores y de extrema izquierda acentuaron por una y otra parte la sensación de "persecución" y de amenaza del "fascismo", fue una de las causas de la recuperación de la derecha no republicana en las elecciones de noviembre de 1933 que permitieron la formación de un nuevo Gobierno de carácter conservador que iniciaría una etapa de revisión de las decisiones tomadas durante el bienio precedente.



El aumento de la conflictividad social durante el bienio conservador desembocó en los sucesos revolucionarios de octubre de 1934 en Asturias en los que el Ejército tuvo que sofocar una insurrección proletaria. El episodio se saldó con la muerte de cerca de 1.400 personas y con 3.000 heridos, y durante el cual el anticlericalismo resurgió brutalmente. Durante la insurrección, encontraron la muerte 34 religiosos en episodios como el asesinato de los ocho Hermanos de La Salle y un padre pasionista del valle de Turón y resultaron dañadas o destruidas 58 iglesias, el palacio episcopal y la Cámara Santa de la catedral, que fue gravemente dañada por una explosión, además de contabilizarse la pérdida del patrimonio documental del seminario, hechos que no habían acontecido en el país desde las matanzas de Madrid y Barcelona de 1834 y 1835.18 Estos hechos de Asturias, avivados por la propaganda partidista que reclamó el castigo y represión de los revolucionarios, evidenciaron el grado de radicalización y división de la sociedad española en dos sectores que unos meses más tarde se enfrentaron nuevamente de manera general y trágica durante la Guerra Civil.



Continúa mañana



viernes, 11 de mayo de 2012

VI DOMINGO DE PASCUA


VI Domingo de Pascua
13 de mayo de 2012
PRIMERA LECTURA

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 10, 25-26,34-35,44-48

Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo levantó diciendo:

-- Levántate, que soy un hombre como tú

Pedro tomó la palabra y dijo:

-- Está claro que Dios no hace distinciones: acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.

Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles. Pedro añadió:

-- ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?

Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios



SALMO RESPONSORIAL



SALMO 97



R.- EL SEÑOR REVELA A LAS NACIONES SU JUSTICIA



Cantad al Señor un cántico nuevo,

porque ha hecho maravillas,

su diestra le ha dado la victoria,

su santo brazo. R.-



El señor de a conocer su victoria,

revela a las naciones su justicia:

Se acordó de su misericordia y su fidelidad

en favor de la casa de Israel. R.-



Los confines de la tierra han contemplado

la victoria de nuestro Dios.

Aclamad al Señor, tierra entera,

gritad, vitoread, tocad. R.-



SEGUNDA LECTURA

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 4,7-10

Queridos hermanos:

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que me ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios



EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 9- 17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Palabra del Señor



“AMAOS COMO YO”

Por José María Maruri S.J.

1.- No sabemos como será su justicia, ni su misericordia, lo que sí sabemos es que nuestro Padre Dios cuando se trata de amar no es prudente, no es sensato, como nosotros sus hijos lo somos.

Nuestro Padre Dios tenía una viña y unos viñadores a los que realmente quería. Llegó la hora de cobrar el alquiler y envió unos criados a cobrar lo estipulado y los viñadores los mataron. Nuestro Padre Dios volvió a enviar otros, y los mataron. Y entonces envió a su Hijo y también lo mataron. Todo porque nuestro Padre Dios amaba a su viña y a los viñadores. Eso no es prudencia, ni sensatez. Eso raya en la locura. Nosotros, a la primera hubiéramos enviado a la Policía Nacional.

2.- ¿Y el Primogénito de nuestro Padre Dios? Pues como dice el dicho castellano “de tal palo tal astilla”, amó tanto a los hombres que se hace hombre y por enseñarles la verdad tal cual es, acaba dando su vida por nosotros. Cuánto mas fácil hubiera sido borrarnos del mapa para siempre.

3.- Este amor imprudente, alocado, de Dios Padre y de Dios Hijo nos debe intranquilizar a nosotros. Porque Jesús, en el Evangelio de hoy, nos resume todo lo que nos ha venido a enseñar. Nos dice con toda tranquilidad y sin inmutarse, como la cosa más natural del mundo: “Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, COMO YO OS HE AMADO.

Si queréis lo tomáis y si no lo dejáis. Pero si queréis ser mis discípulos yo exijo que OS AMÉIS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO. Si no es va, dejadlo para otros, no seréis mis discípulos.

Y este –con mayúsculas—COMO YO OS HE AMADO viene del padre: “como el Padre os ha amado yo os he amado. Y como puede verse, lo alocado de su amor le viene de la herencia de su Padre.

4.- Hermanos, este modo de amar no va con nosotros: amar hasta hacer el tonto. Amar hasta que abusen de nosotros. Amar hasta que nos engañen repetidas veces.

Ante eso, nosotros diremos aquello de: “¡A mí me la pegan una vez, pero dos, no! Nos gusta tener el derecho a elegir a quien tengo que amar, quien tiene derecho a mi amistad y quien no. Nos reservamos el derecho de decretar quien es mi prójimo y un prójimo a quien no nos cueste amar, limpio, educado, agradecido, que me cueste poco o nada.

En el “amaos como yo” el prójimo se presenta cuando quiere, en el momento más inoportuno, en la situación más indiscreta, con el talante más exigente.

5.- El Hijo de Dios, que está al corriente de todos los secretos del Padre, nos dice hoy “os llamo amigos, confidentes, porque todo lo que he oído al Padre al Padre os lo he dado a conocer”.

Este papel de confidente del Hijo de Dios si nos gusta. Esto si que nos gusta porque es sentirnos amigos de Dios, pertenecer a la élite de los que conocen los misterios recónditos de Dios. Eso si nos fascina. Dinos, Señor ese “todo” que tu Padre te ha confiado y que Tú confías a nosotros, tus “confidentes más íntimos. Te escuchamos con ansía. Dinos ese TODO que has captado del Padre.

Y Jesús vuelve a repetir: “Esto os mando: que os améis unos a otros”.

El más recóndito secreto de Dios esta ahí. Todo lo de Dios queda ahí, como era natural, porque Dios es amor.

Jesús no ha oído de su Padre Dios más que esto. Jesús ya no tiene más que decirnos. Una única cosa:

La única cosa que no sé.

La única cosa que no hago.

La única cosa que descubre que soy un analfabeto en

amor.

La única cosa por la que merece la pena

vivir:

“Amaos unos a otros como yo os he amado”



REFLEXIÓN



San Juan Apóstol y Evangelista centra su Evangelio y sus cartas en el tema del Amor. Y termina convenciéndonos de que el Amor de Dios y el amor a Dios son la misma cosa. En efecto, en la narración que nos brinda San Juan del discurso que Jesús hace a sus Apóstoles durante la Ultima Cena, la noche anterior a su muerte, el Evangelista hace un maravilloso recuento de este tema tan importante. El Evangelio de hoy nos trae parte de ese discurso tan profundo y significativo (Jn 15, 9-17).

Las palabras de Jesús en ese conmovedor momento hay que revisarlas línea a línea. Parece como si constantemente estuviera repitiendo lo mismo, pero cada línea tiene su matiz y su significado especial.

“Permanezcan en mi Amor. Si cumplen mis mandamientos permanecen en mi Amor, lo mismo que Yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor” (Jn. 15, 9-10). Amar a Dios y permanecer en su Amor es hacer lo que El nos pide. La palabra “mandamientos” no se refiere sólo a los que conocemos como los 10 Mandamientos, sino a “todo” lo que Dios desea de nosotros. Es el caso entre Dios Padre y Dios Hijo: éste hace lo que el Padre quiere y es así como permanece amando al Padre.

Quiere decir que nosotros permanecemos amando a Dios si actuamos de la misma manera: haciendo lo que Dios desea de nosotros. Si nos fijamos bien, los amores humanos funcionan de la misma manera: el enamorado hace lo que la enamorada desea y viceversa; uno busca complacer al otro. Amar a Dios es, entonces, también complacer a Dios ... en todo.

“Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena” (Jn. 15, 11). La verdadera felicidad está en permanecer amando a Dios, cumpliendo los deseos de Dios y no los propios deseos. Así nuestro gozo será “pleno”. Las alegrías humanas son pasajeras, efímeras, incompletas, insuficientes. Pero ... ¡nos aferramos tanto a ellas! Si nos convenciéramos realmente de estas palabras del Señor sobre la verdadera alegría, nuestra felicidad comenzaría aquí en la tierra y, además, continuaría para siempre en la eternidad.

También toca San Juan el tema del amor en sus cartas. En el Segunda Lectura de hoy (1 Jn. 4, 7-10) tenemos un trozo de su Primera Carta. Y es alentador y agradable ver en ella planteamientos similares a los que nos da en el Evangelio.

“Este en mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como Yo los he amado” (Jn. 15, 12). “Amémonos los unos a los otros, porque el Amor viene de Dios. Todo el que ama conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor ... El Amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó primero” (1 Jn.4, 7-8 y 10).

El Amor viene de Dios. Es decir: no podemos amar por nosotros mismos, sino que Dios nos capacita para amar. Es más: es Dios Quien ama a través de nosotros. El que ama -el que ama de verdad- no con un amor egoísta, sino con un amor generoso y oblativo por el que se busca el bienestar del ser amado y no el propio, ése que ama así, ama así porque conoce a Dios. El que ama egoístamente, pensando en sí mismo, en realidad no ama; y no ama porque no conoce a Dios, porque no ama a Dios, porque no complace a Dios, sino que se complace a sí mismo.

Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos” (Jn. 15, 13). El verdadero amor, ese Amor que viene de Dios, con el que podemos amar nosotros, amando como Dios quiere que amemos, puede llegar a la oblación total, a la entrega total de la vida por el ser amado. Y no se trata solamente, ni principalmente, de llegar a la muerte física por el otro, como hizo Jesús por nosotros y como hizo, por ejemplo, un San Maximiliano Kolbe.

Se trata de la oblación de todo lo que consideramos como propio, como nuestros deseos, como nuestras inclinaciones, etc., para optar por los deseos del ser amado. En este caso, para seguir el orden que nos propone San Juan: dejar todos lo deseos nuestros por los deseos de Dios.

Esa oblación es un constante morir a nosotros mismos, al ir dejando lo que consideramos nuestro, para irnos entregando a Dios y a sus deseos y designios. Esa oblación es dar la vida por Dios. Así, si fuera necesario y nos llegara el momento, estamos ya preparados para ofrecer aún nuestra vida física, como lo hizo Cristo y como lo han hecho los santos mártires.

“El Padre les concederá todo lo que le pidan en mi nombre” (Jn. 15, 16). Queda claro que Cristo es nuestro mediador ante el Padre. Pero ... ¿concede el Padre “todo” lo que le pedimos? Para comprender bien esta promesa debemos revisar las lecturas del domingo pasado.

“Si permanecen en Mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá” (Jn. 15, 7). “Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de El todo lo que le pidamos”. (1 Jn. 3, 22-23).

Notemos aquí lo que parecen ser condiciones para que Dios nuestro Padre nos complazca en lo que le pidamos: cumplir sus mandamientos, permanecer unidos a El, vivir su Palabra, etc.

Realmente, aunque así lo parezca, no es que Dios nos ponga condiciones, sino sucede que, al estar unidos a Dios, a su Voluntad, a su Palabra, sabremos entonces qué pedirle, pues al estar unidos a El, sabremos pedirle precisamente lo que El desea darnos: aquello que nos conviene para nuestra salvación.

Esto es importante, pues mucho se abusa de una palabra del Señor relacionada con las peticiones en la oración: “Pidan y se les dará”. Y en esto se apoyan muchos para pedir y pedir, y luego tal vez terminar frustrados, pues Dios no responde a los pedidos, de la manera que se desean sean respondidos. ¿Por qué sucede esto?

Porque casi siempre se corta esta frase y se deja fuera el complemento final: “Vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt. 7, 7-11). Sucede que quien está en unión con Dios sabe pedir esas “cosas buenas” de que nos habla el Señor y no aquellas cosas que simplemente se nos antojan como necesarias y buenas, sin que realmente lo sean.

A la luz de todas estas enseñanzas de San Juan cabe preguntarse: ¿es lo mismo Amor de Dios que amor a Dios? Según San Juan son la misma cosa, pero el primero es el origen y el segundo es la consecuencia. No hay amor a Dios, si primero no hay Amor de Dios.

El Amor consiste en que es Dios Quien ama. El amor a Dios por nuestra cuenta y esfuerzo es sencillamente imposible. También es imposible el amor verdadero para con los demás, si no es Dios Quien ama en nosotros.

La Primera Lectura (Hech. 10, 25-26; 34-35; 44-48) nos trae un trozo importante de los sucesos al comienzo de la Iglesia: para sorpresa de los seguidores de Cristo, Dios Espíritu Santo comienza a derramarse también entre los gentiles, es decir, entre los que no eran judíos.

Para comprender mejor este pasaje que nos trae la Liturgia de hoy, vale la pena leer el texto completo, es decir todo el Capítulo 10 del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Hay que ubicarse en la situación de los primeros cristianos: ellos creían que Cristo, judío de raza, había venido para ellos, que efectivamente eran el Pueblo escogido de Dios.

Pero, como Dios es impredecible, les da esta sorpresa: los no judíos comienzan a recibir el Espíritu Santo de la misma manera y con las mismas manifestaciones que se daban entre los judíos.

Dios borra toda raza, creencia, nacionalidad, y se revela –como ha seguido haciéndolo- a quien quiere, como quiere y cuando quiere.

A San Pablo lo sorprendió cuando lo tumbó y lo dejó ciego mientras se dirigía a Damasco a perseguir y asesinar cristianos, pues se oponían a las tradiciones judías que él guardaba con celo.

Con Cornelio fue diferente. Nos dice el texto sagrado que este militar “era de los que temen a Dios, daba muchas limosnas al pueblo y oraba constantemente”. Sugiere la descripción que se nos da de este buen hombre que Cornelio, a pesar de no ser judío creía en el Dios Único de los judíos.

Pero no tan sólo creía, sino que oraba constantemente. En efecto, en la revelación que Dios le hace a Cornelio por medio de una visión angélica, le reconoce que sus oraciones y sus limosnas “han llegado a la presencia de Dios”.

No es demasiado frecuente el que Dios haga lo de San Pablo. Sin embargo se siguen dando casos de esas gracias imprevistas, fuertes, espectaculares, como la que experimentó Saulo camino a Damasco.

Ahora bien, lo que sí es harto frecuente es que a los que temen a Dios y oran, Dios se les revele y los llene del Espíritu Santo, llevándolos a la Verdad plena, enrumbándolos en el Camino y comunicándoles la Vida que es Cristo, “Camino, Verdad y Vida”.

Por todas estas maravillas que Dios hizo al antiguo Pueblo de Israel, las que hizo a judíos y no-judíos al comienzo de la Iglesia y por las que sigue haciendo en medio de nosotros, el Salmo 97 canta al amor y lealtad de Dios, amor y lealtad que siempre han estado presentes, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento, como en nuestros días.

jueves, 3 de mayo de 2012

DECLARACIÓN DE LA OIT. DIA MUNCIAL DEL TRABAJO

Declaración de la OIT


sobre la justicia social

para una globalización

equitativa

adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo

en su nonagésima séptima reunión,

Ginebra, 10 de junio de 2008

ISBN 978-92-2-321617-7

Primera edición 2008

Las denominaciones empleadas, en concordancia con la práctica seguida en las Naciones

Unidas, y la forma en que aparecen presentados los datos en las publicaciones de la OIT no

implican juicio alguno por parte de la Ofi cina Internacional del Trabajo sobre la condición

jurídica de ninguno de los países, zonas o territorios citados o de sus autoridades, ni respecto de

la delimitación de sus fronteras.

Las referencias a fi rmas o a procesos o productos comerciales no implican aprobación alguna

por la Ofi cina Internacional del Trabajo, y el hecho de que no se mencionen fi rmas o procesos o

productos comerciales no implica desaprobación alguna.

Las publicaciones de la OIT pueden obtenerse en las principales librerías o en ofi cinas locales

de la OIT en muchos países o pidiéndolas a Publicaciones de la OIT, Ofi cina Internacional del

Trabajo, CH-1211 Ginebra 22, Suiza. También pueden solicitarse catálogos o listas de nuevas

publicaciones a la dirección antes mencionada o por correo electrónico a pubvente@ilo.org.

Vea nuestro sitio en la red: www.ilo.org/publns.

Impreso en Suiza SRO

1

PREFACIO

La Organización Internacional del Trabajo adoptó por unanimidad

la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una

globalización equitativa el 10 de junio de 2008. Esta es la tercera

declaración de principios y políticas de gran alcance adoptada por

la Conferencia Internacional del Trabajo desde la Constitución de

la OIT en 1919. Es heredera de la Declaración de Filadelfi a,

de 1944, y de la Declaración de la OIT relativa a los principios y

derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, de 1998.

La Declaración de 2008 expresa la visión contemporánea del

mandato de la OIT en la era de la globalización.

Esta Declaración señera es una decidida reafi rmación de los

valores de la OIT. Es el resultado de consultas tripartitas que se

iniciaron tras el lanzamiento del Informe de la Comisión Mundial

sobre la Dimensión Social de la Globalización. Con la adopción

de este texto los representantes de los gobiernos y de las organizaciones

de empleadores y de trabajadores de 182 Estados Miembros

subrayaron la contribución clave de nuestra Organización

tripartita al progreso y la justicia social en el contexto de la globalización.

Se comprometieron a unir sus esfuerzos para reforzar la

capacidad de la OIT en el avance hacia dichas metas a través de

la Agenda de Trabajo Decente. La Declaración institucionaliza el

concepto de Trabajo Decente desarrollado por la OIT desde 1999,

y lo sitúa en el centro de las políticas de la Organización para

alcanzar sus objetivos constitucionales.

Esta Declaración surge en un momento político crucial, que

refl eja el amplio consenso acerca de la necesidad de una fuerte

dimensión social en la globalización, que permita conseguir

mejores resultados y que éstos se repartan de manera más equitativa

entre todos. La Declaración constituye una brújula para la

2

promoción de una globalización equitativa basada en el Trabajo

Decente, así como una herramienta práctica para acelerar el progreso

en la aplicación de la Agenda de Trabajo Decente a nivel de

país. Asimismo, refl eja una perspectiva productiva que destaca la

importancia de las empresas sostenibles para la creación de más

empleo y oportunidades de ingresos para todos.

La Agenda de la OIT ha recibido un amplio respaldo internacional,

a los más altos niveles políticos, regionales y mundial,

culminando con la Cumbre Mundial de las Naciones Unidas

de 2005. En aquella ocasión los Jefes de Estado y de Gobierno

hicieron la siguiente declaración: «Apoyamos fi rmemente una

globalización justa y resolvemos que los objetivos del empleo

pleno y productivo y el trabajo decente para todos, en particular

las mujeres y los jóvenes, serán una meta fundamental de nuestras

políticas nacionales e internacionales y nuestras estrategias

nacionales de desarrollo». Esa declaración también toma como

fundamento los compromisos de la Cumbre Mundial sobre el

Desarrollo Social de 1995.

La Declaración expresa la universalidad de la Agenda de

Trabajo Decente: todos los Miembros de la Organización deben

propiciar políticas basadas en los objetivos estratégicos, a saber,

el empleo, la protección social, el diálogo social y los derechos

en el trabajo. Al mismo tiempo, hace hincapié en la importancia

de un enfoque holístico e integrado al reconocer que esos objetivos

son «inseparables, están interrelacionados y se refuerzan

mutuamente», garantizando la función de las normas internacionales

del trabajo como medio útil para alcanzar todos esos

objetivos.

La Declaración pide a la OIT que brinde asistencia a sus

Miembros en sus esfuerzos para su aplicación, atendiendo a las

necesidades y circunstancias nacionales. Al respecto, plantea un

desafío a la Conferencia Internacional del Trabajo, al Consejo de

Administración y a la Ofi cina Internacional del Trabajo, al señalar

que «la Organización debería revisar y adaptar sus prácticas insti3

tucionales para mejorar la gobernanza y desarrollar la capacidad

a fi n de utilizar de la mejor manera posible sus recursos humanos

y fi nancieros y la ventaja única que representan su estructura tripartita

y su sistema normativo». Por consiguiente, la Organización

y sus Miembros deben movilizar todos los medios de acción disponibles,

tanto a nivel nacional como internacional, con el fi n de

promover los objetivos de la Declaración y llevar a la práctica sus

compromisos de la manera más efi caz y efi ciente.

La Declaración presenta a los líderes y a los encargados de

tomar decisiones un enfoque equilibrado que conecta con la gente

y con soluciones productivas locales, y al mismo tiempo ofrece

una plataforma común para la gobernanza a nivel internacional.

Contribuye a la coherencia de las políticas en pro del desarrollo

sostenible en el ámbito de las políticas nacionales, entre organizaciones

internacionales y en la cooperación para el desarrollo, combinando

los objetivos sociales, económicos y ambientales. En ese

sentido, destaca que las organizaciones internacionales y regionales

cuyos mandatos abarcan ámbitos conexos pueden desempeñar un

importante papel en la aplicación del enfoque integrado requerido,

invitándolas a promover el trabajo decente. También afi rma que,

en vista de que la política comercial y la política de los mercados

fi nancieros repercuten en el empleo, la función de la OIT es evaluar

esos efectos con miras a que el empleo pase a ser un elemento

fundamental de las políticas económicas. La Declaración reclama

también el establecimiento de nuevas asociaciones con entidades

no estatales y actores económicos tales como las empresas multinacionales

y los sindicatos que actúen a nivel sectorial a escala

mundial, a fi n de mejorar la efi cacia de los programas y actividades

operacionales de la OIT.

La Declaración de la OIT sobre la justicia social para una

globalización equitativa es una renovada afi rmación de fe en la

OIT. Se basa en los valores y principios recogidos en la Constitución

de la OIT, y los refuerza para hacer frente a los desafíos del

siglo xxi. Es refl ejo de una OIT que confía en la relevancia de su

4

visión y de su mandato, y que además se compromete plenamente

a asumir sus responsabilidades contemporáneas. La Declaración

surge en un momento de gran incertidumbre en el mundo del

trabajo, en que continúan situaciones de abusos de los derechos

laborales y aumentan las preocupaciones acerca del curso de la

globalización y la necesidad de que las organizaciones internacionales

aúnen mejor su labor en estos campos. Subraya, sobre todo,

la singular ventaja comparativa de la OIT y su legitimidad basada

en el tripartismo y en la rica experiencia práctica complementaria

de sus Miembros — gobiernos, empleadores y trabajadores —

para abordar las políticas económicas y sociales que afectan a la

vida de la gente. Asimismo, recuerda la solidez de larga data de

su método de trabajo basado en el diálogo social como base para

la creación de consenso, lo que representa una luz de esperanza

en un mundo en que el diálogo se ha hecho tan difícil.

La Declaración de la OIT sobre la justicia social para una

globalización equitativa marca la renovación más importante de

la Organización desde la adopción de la Declaración de Filadelfi a.

Provee una oportunidad y una responsabilidad históricas para

reforzar la capacidad de la OIT. Aunando esfuerzos entre todos

los que comparten las aspiraciones de la Declaración podemos

forjar una convergencia efi caz de las políticas nacionales e internacionales

que conduzcan a una globalización equitativa y a un

mayor acceso al trabajo decente para hombres y mujeres en todo el

mundo. Todos podemos unirnos para hacerlo realidad y avanzar así

hacia un mayor respeto por la dignidad humana y hacia la prosperidad

mundial, con el fi n de satisfacer las necesidades y esperanzas

de los pueblos, las familias y las comunidades en todo el mundo.

Juan Somavia

Director General

5

DECLARACION DE LA OIT

SOBRE LA JUSTICIA SOCIAL PARA

UNA GLOBALIZACION EQUITATIVA

La Conferencia Internacional del Trabajo, congregada en

Ginebra con motivo de su nonagésima séptima reunión,

Considerando que el contexto actual de la globalización, caracterizado

por la difusión de nuevas tecnologías, los fl ujos de

ideas, el intercambio de bienes y servicios, el incremento

de los fl ujos de capital y fi nancieros, la internacionalización

del mundo de los negocios y de sus procesos y del

diálogo, así como de la circulación de personas, especialmente

de trabajadoras y trabajadores, está modifi cando

profundamente el mundo del trabajo:

– por una parte, el proceso de cooperación e integración

económicas ha ayudado a que algunos países se benefi -

cien de altas tasas de crecimiento económico y creación

de empleo, incorporen a muchos pobres de las zonas

rurales en la economía urbana moderna, progresen respecto

de sus objetivos de desarrollo y fomenten la innovación

en la elaboración de productos y la circulación

de ideas;

– por otra parte, la integración económica mundial ha

llevado a muchos países y sectores a enfrentar grandes

desafíos en lo relativo a la desigualdad de ingresos, los

altos niveles de desempleo y pobreza persistentes, la

vulnerabilidad de las economías ante las crisis externas

y el aumento tanto del trabajo no protegido como de la

economía informal, que infl uyen en la relación de trabajo

y la protección que ésta puede ofrecer;

6

Reconociendo que, en estas circunstancias, es aún más necesario

conseguir mejores resultados y que éstos se repartan

de manera equitativa entre todos a fi n de responder a la

aspiración universal de justicia social, alcanzar el pleno

empleo, asegurar la sostenibilidad de sociedades abiertas y

de la economía mundial, lograr la cohesión social y luchar

contra la pobreza y las desigualdades crecientes;

Convencida de que la Organización Internacional del Trabajo

ha de desempeñar un papel clave para contribuir a la promoción

y al logro del progreso y de la justicia social en un

entorno en constante evolución:

– sobre la base del mandato contenido en la Constitución

de la OIT, incluida la Declaración de Filadelfi a (1944),

que sigue siendo plenamente pertinente en el siglo xxi

y debería inspirar la política de sus Miembros, y que,

entre otros fi nes, objetivos y principios:

􀂅 afi rma que el trabajo no es una mercancía y que la

pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro

para la prosperidad de todos;

􀂅 reconoce que la OIT tiene la obligación solemne de

fomentar entre las naciones del mundo programas

que permitan lograr los objetivos del pleno empleo

y la elevación del nivel de vida, un salario mínimo

vital y la extensión de las medidas de seguridad

social para garantizar ingresos básicos a quienes los

necesiten, junto con todos los demás objetivos establecidos

en la Declaración de Filadelfi a;

􀂅 encomienda a la OIT la responsabilidad de examinar

y considerar todas las políticas económicas y fi nancieras

internacionales, teniendo en cuenta el objetivo

fundamental de la justicia social; y

– recogiendo y reafi rmando la Declaración de la OIT relativa

a los principios y derechos fundamentales en el tra7

bajo y su seguimiento (1998), en virtud de la cual los

Miembros reconocen, en el cumplimiento del mandato

de la Organización, la importancia y el signifi cado especiales

de los derechos fundamentales, es decir: la libertad

de asociación y la libertad sindical y el reconocimiento

efectivo del derecho de negociación colectiva, la eliminación

de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio,

la abolición efectiva del trabajo infantil y la eliminación

de la discriminación en materia de empleo y ocupación;

Alentada por el reconocimiento de la comunidad internacional

respecto del trabajo decente como una respuesta efi caz a los

desafíos de la globalización, tomando en consideración:

– los resultados de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo

Social celebrada en Copenhague en 1995;

– el amplio apoyo, expresado reiteradamente en los planos

mundial y regional, en favor del concepto del trabajo

decente formulado por la OIT; y

– el respaldo expresado por los Jefes de Estado y de

Gobierno en la Cumbre Mundial 2005 de las Naciones

Unidas a una globalización equitativa y a los objetivos

del empleo pleno y productivo y el trabajo decente para

todos, como metas prioritarias de sus políticas nacionales

e internacionales en la materia;

Convencida de que en un contexto mundial de interdependencia

y complejidad crecientes, así como de internacionalización

de la producción:

– los valores fundamentales de libertad, dignidad humana,

justicia social, seguridad y no discriminación son esenciales

para un desarrollo y una efi cacia sostenibles en

materia económica y social;

– el diálogo social y la práctica del tripartismo entre los

gobiernos y las organizaciones representativas de tra8

bajadores y de empleadores tanto en el plano nacional

como en el internacional resultan ahora aún más pertinentes

para lograr soluciones y fortalecer la cohesión

social y el Estado de derecho, entre otros medios,

mediante las normas internacionales del trabajo;

– la importancia de la relación de trabajo debería reconocerse

como un medio para ofrecer protección jurídica a

los trabajadores;

– las empresas productivas, rentables y sostenibles, junto

con una economía social sólida y un sector público

viable, son fundamentales para un desarrollo económico

y oportunidades de empleo sostenibles; y

– la Declaración tripartita de principios sobre las empresas

multinacionales y la política social (1977) revisada, que

aborda la creciente función de esos actores en la consecución

de los objetivos de la Organización, es especialmente

pertinente;

Reconociendo que los desafíos actuales requieren que la Organización

intensifi que sus esfuerzos y movilice todos sus

medios de acción para promover sus objetivos constitucionales,

y que, para lograr que dichos esfuerzos sean efi caces

y fortalecer la capacidad de la OIT para apoyar los esfuerzos

desplegados por los Miembros a fi n de alcanzar los objetivos

de la OIT en el contexto de la globalización, ésta debe:

– velar por la coherencia y la colaboración al abordar la

elaboración de un enfoque global e integrado, en consonancia

con el Programa de Trabajo Decente y los cuatro

objetivos estratégicos de la OIT, basándose en las sinergias

existentes entre ellos;

– adaptar sus prácticas institucionales y su gobernanza

para aumentar la efi cacia y la efi ciencia, respetando

plenamente al mismo tiempo el marco y los procedimientos

constitucionales existentes;

9

– prestar asistencia a los mandantes para satisfacer las

necesidades que han señalado en el plano nacional sobre

la base de una discusión plenamente tripartita, mediante

el suministro de información de calidad, la prestación

de asesoramiento y la aplicación de programas técnicos

que les ayuden a responder a esas necesidades en el

contexto de los objetivos constitucionales de la OIT; y

– promover la política normativa de la OIT como piedra

angular de sus actividades realzando su pertinencia

para el mundo del trabajo, y garantizar la función de

las normas como medio útil para alcanzar los objetivos

constitucionales de la Organización,

Por consiguiente, adopta, con fecha diez de junio de dos mil

ocho, la presente Declaración.

I. Alcance y principios

La Conferencia reconoce y declara que:

A. En el contexto de cambios acelerados, los compromisos

y esfuerzos de los Miembros y de la Organización para

poner en práctica el mandato constitucional de la OIT, en

particular mediante las normas internacionales del trabajo,

y para situar el empleo pleno y productivo y el trabajo

decente como elemento central de las políticas económicas

y sociales, deberían basarse en los cuatro objetivos estratégicos

de la OIT de igual importancia, a través de los cuales

se plasma el Programa de Trabajo Decente y que pueden

resumirse como sigue:

i) promover el empleo creando un entorno institucional

y económico sostenible en cuyo marco:

– las personas puedan adquirir y actualizar las capacidades

y competencias que necesitan para poder

10

trabajar de manera productiva en aras de su propia

realización personal y el bienestar común;

– todas las empresas, tanto públicas como privadas,

sean sostenibles para hacer posible el crecimiento

y la generación de mayores oportunidades y perspectivas

de empleo e ingresos para todos; y

– la sociedad pueda conseguir sus objetivos de desarrollo

económico y de progreso social, así como

alcanzar un buen nivel de vida;

ii) adoptar y ampliar medidas de protección social

– seguridad social y protección de los trabajadores –

que sean sostenibles y estén adaptadas a las circunstancias

nacionales, con inclusión de:

– la ampliación de la seguridad social a todas las

personas, incluidas medidas para proporcionar

ingresos básicos a quienes necesiten esa protección,

y la adaptación de su alcance y cobertura para responder

a las nuevas necesidades e incertidumbres

generadas por la rapidez de los cambios tecnológicos,

sociales, demográfi cos y económicos;

– condiciones de trabajo saludables y seguras; y

– medidas en materia de salarios y ganancias y de horas

y otras condiciones de trabajo, destinadas a garantizar

a todos una justa distribución de los frutos del progreso

y un salario mínimo vital para todos los que

tengan empleo y necesiten esa clase de protección*;1

iii) promover el diálogo social y el tripartismo como los

métodos más apropiados para:

* Nota del editor: En la redacción de este texto se dio prioridad en cada idioma a

la concordancia con la versión ofi cial correspondiente del artículo III, d) de la Declaración

de Filadelfi a, adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo en 1944.

11

– adaptar la aplicación de los objetivos estratégicos a

las necesidades y circunstancias de cada país;

– traducir el desarrollo económico en progreso social

y el progreso social en desarrollo económico;

– facilitar la creación de consenso respecto de las

políticas nacionales e internacionales que inciden

en las estrategias y programas en materia de empleo

y trabajo decente; y

– fomentar la efi cacia de la legislación y las instituciones

laborales, en particular respecto del reconocimiento

de la relación de trabajo, la promoción de

buenas relaciones laborales y el establecimiento

de sistemas efi caces de inspección del trabajo; y

iv) respetar, promover y aplicar los principios y derechos

fundamentales en el trabajo, que revisten particular

importancia, no sólo como derechos sino también

como condiciones propicias, necesarias para la plena

realización de todos los objetivos estratégicos, teniendo en

cuenta:

– que la libertad de asociación y la libertad sindical y el

reconocimiento efectivo del derecho de negociación

colectiva son particularmente importantes para permitir

el logro de esos cuatro objetivos estratégicos; y

– que la violación de los principios y derechos fundamentales

en el trabajo no puede invocarse ni utilizarse

de modo alguno como ventaja comparativa

legítima y que las normas del trabajo no deberían

utilizarse con fi nes comerciales proteccionistas.

B. Los cuatro objetivos estratégicos son inseparables, están

interrelacionados y se refuerzan mutuamente. La falta de

promoción de cualquiera de ellos menoscabaría el logro

de los demás. Para obtener un máximo de impacto, los

12

esfuerzos encaminados a promoverlos deberían formar

parte de una estrategia global e integrada de la OIT en pro

del trabajo decente. La igualdad de género y la no discriminación

deben considerarse cuestiones transversales en el

marco de los objetivos estratégicos antes mencionados.

C. La forma en que los Miembros alcancen los objetivos estratégicos

es una cuestión que ha de determinar cada Miembro

de conformidad con las obligaciones internacionales que

haya asumido y con los principios y derechos fundamentales

en el trabajo, teniendo debidamente en cuenta entre

otras cosas:

i) las condiciones y las circunstancias nacionales, así

como las necesidades y las prioridades expresadas por

las organizaciones representativas de empleadores y

de trabajadores;

ii) la interdependencia, la solidaridad y la cooperación

entre todos los Miembros de la OIT, que son más pertinentes

que nunca en el contexto de una economía

globalizada; y

iii) los principios y las disposiciones de las normas internacionales

del trabajo.

II. Método de aplicación

La Conferencia reconoce asimismo que, en una economía

globalizada:

A. La puesta en práctica de la Parte I de la presente Declaración

requiere que la OIT apoye de manera efi caz los esfuerzos

de sus Miembros. Con tal fi nalidad, la Organización debería

revisar y adaptar sus prácticas institucionales para mejorar

la gobernanza y desarrollar la capacidad a fi n de utilizar de

la mejor manera posible sus recursos humanos y fi nancieros

13

y la ventaja única que representan su estructura tripartita y

su sistema normativo, con miras a:

i) comprender mejor las necesidades de sus Miembros

con respecto a cada uno de los objetivos estratégicos,

así como las actividades llevadas a cabo por la OIT

para responder a las mismas, en el marco de un punto

recurrente del orden del día de la Conferencia, a

efectos de:

– determinar de qué manera la OIT puede responder

más efi cazmente a dichas necesidades mediante

la utilización coordinada de todos sus medios de

acción;

– determinar los recursos necesarios para responder a

esas necesidades y, si procede, atraer recursos adicionales;

y

– guiar al Consejo de Administración y a la Ofi cina

en el cumplimiento de sus responsabilidades;

ii) reforzar y coordinar su cooperación técnica y sus

conocimientos especializados a fi n de:

– apoyar los esfuerzos desplegados individualmente

por los Miembros para avanzar sobre una base

tripartita con miras a la consecución de todos los

objetivos estratégicos, así como prestar asistencia

al respecto, mediante programas por país en pro del

trabajo decente, cuando proceda, y en el marco

del sistema de las Naciones Unidas; y

– fomentar, siempre que sea necesario, la capacidad

institucional de los Estados Miembros, así como de

las organizaciones representativas de empleadores

y de trabajadores para propiciar una política social

pertinente y coherente y un desarrollo sostenible;

iii) promover la comprensión y el intercambio de conocimientos

acerca de las sinergias existentes entre los

14

objetivos estratégicos mediante el análisis empírico y

la discusión tripartita de experiencias concretas, con la

cooperación voluntaria de los países interesados, para

ayudar a los Miembros a tomar decisiones respecto de

las oportunidades y los desafíos que plantea la globalización;

iv) proporcionar asistencia, cuando la soliciten, a los

Miembros que deseen promover conjuntamente los objetivos

estratégicos en el marco de acuerdos bilaterales

o multilaterales, siempre y cuando sean compatibles

con sus obligaciones respecto de la OIT; y

v) establecer nuevas alianzas con entidades no estatales

y actores económicos, tales como las empresas

multinacionales y los sindicatos que actúen a nivel

sectorial a escala mundial a fi n de mejorar la efi -

cacia de los programas y actividades operacionales

de la OIT, lograr que les presten su apoyo de manera

apropiada y promover por cualquier otro medio adecuado

los objetivos estratégicos de la OIT. Ello se

hará en consulta con las organizaciones nacionales e

internacionales representativas de trabajadores y de

empleadores.

B. Al mismo tiempo, los Miembros tienen la responsabilidad

fundamental de contribuir, mediante su política económica

y social, a lograr la formulación de una estrategia global e

integrada para poner en práctica los objetivos estratégicos

que incluya el Programa de Trabajo Decente, esbozados

en la Parte I de la presente Declaración. La aplicación

del Programa de Trabajo Decente en el plano nacional

dependerá de las necesidades y prioridades de los países e

incumbirá a los Estados Miembros determinar, en consulta

con las organizaciones representativas de trabajadores y de

empleadores, la forma en que darán cumplimiento a dicha

15

responsabilidad. A tal fi n, podrían considerar, entre otras

medidas:

i) la adopción de una estrategia nacional y/o regional en

pro del trabajo decente que establezca una serie de

prioridades para la consecución integrada de los objetivos

estratégicos;

ii) el establecimiento de indicadores o estadísticas apropiados,

de ser necesario con la ayuda de la OIT, para

verifi car y evaluar los progresos realizados;

iii) el examen de su situación por lo que respecta a la ratifi

cación o aplicación de instrumentos de la OIT con

miras a lograr una cobertura cada vez más amplia de

todos los objetivos estratégicos, haciendo especial hincapié

en los instrumentos clasifi cados como normas

fundamentales del trabajo así como en los que se consideran

más importantes desde el punto de vista de la

gobernanza, referentes al tripartismo, a la política de

empleo y a la inspección del trabajo;

iv) la adopción de medidas apropiadas para coordinar de

forma adecuada las posturas expresadas en nombre del

Estado Miembro en cuestión en los foros internacionales

pertinentes y toda medida que puedan tomar a la

luz de la presente Declaración;

v) la promoción de empresas sostenibles;

vi) de ser pertinente, intercambiar buenas prácticas nacionales

o regionales en relación con la aplicación satisfactoria

de iniciativas nacionales y/o regionales que

incluyan un elemento de trabajo decente; y

vii) la prestación, sobre una base bilateral, regional o multilateral,

y en la medida en que lo permitan sus recursos,

de un apoyo apropiado a los esfuerzos desplegados

por otros Miembros a fi n de poner en práctica los prin16

cipios y objetivos a los que se hace referencia en la

presente Declaración.

C. Otras organizaciones internacionales y regionales cuyos

mandatos abarcan ámbitos conexos tienen un papel

importante que desempeñar en la puesta en práctica del

enfoque integrado. La OIT debería invitarles a promover

el trabajo decente, teniendo presente que cada organismo

mantendrá pleno control respecto de su mandato. Dado

que la política comercial y la política de los mercados

fi nancieros repercuten en el empleo, la función de la OIT

es evaluar esos efectos con miras a que el empleo pase

a ser un elemento fundamental de las políticas económicas.

III. Disposiciones finales

A. El Director General de la Ofi cina Internacional del Trabajo

velará por que la presente Declaración se comunique

a todos los Miembros y, por conducto de los mismos, a las

organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores,

a las organizaciones internacionales competentes

en ámbitos conexos en los planos internacional y regional,

y a toda otra entidad que el Consejo de Administración

pueda determinar. Los gobiernos, así como las organizaciones

de empleadores y de trabajadores en el ámbito

nacional, deberán dar a conocer la Declaración en todos

los foros pertinentes en los que participen o estén representados,

y difundirla de otro modo entre las entidades que

puedan estar interesadas.

B. Incumbirá al Consejo de Administración y al Director

General de la Ofi cina Internacional del Trabajo establecer

modalidades apropiadas para aplicar sin demora la Parte II

de la presente Declaración.

17

C. Cuando el Consejo de Administración lo estime oportuno,

y con arreglo a las modalidades que se han de establecer,

las repercusiones de la presente Declaración, y en particular

las medidas adoptadas para promover su aplicación,

serán objeto de examen por la Conferencia Internacional

del Trabajo con miras a evaluar qué medidas convendría

adoptar.



19

ANEXO

SEGUIMIENTO DE LA DECLARACION

I. Objetivo general y ámbito de aplicación

A. La fi nalidad de este seguimiento es determinar los medios

por los cuales la Organización habrá de apoyar los esfuerzos

desplegados por sus Miembros para hacer efectivo su compromiso

de alcanzar los cuatro objetivos estratégicos que

revisten importancia para poner en práctica el mandato

constitucional de la Organización.

B. En el marco de este seguimiento se procura hacer el mejor

uso posible de todos los medios de acción disponibles en

virtud de la Constitución de la OIT para cumplir su mandato.

Algunas de las medidas destinadas a prestar asistencia

a los Miembros podrían entrañar cierta adaptación

de las modalidades de aplicación existentes con arreglo al

artículo 19, párrafos 5, e) y 6, d) de la Constitución de la

OIT sin incrementar las obligaciones de presentación de

informes de los Estados Miembros.

II. Acción por parte de la Organización

para prestar asistencia a sus Miembros

Administración, recursos y relaciones exteriores

A. El Director General tomará las medidas necesarias, incluida

la formulación de propuestas ante el Consejo de Administración,

cuando proceda, para prever los medios a través de

los cuales la Organización asistirá a sus Miembros en los

20

esfuerzos que desplieguen en virtud de la presente Declaración.

Esas medidas incluirán la revisión y la adaptación

de las prácticas institucionales y la gobernanza de la OIT

según se indica en la Declaración, y deberían tener en

cuenta la necesidad de velar por:

i) la coherencia, la coordinación y la colaboración en la

Ofi cina Internacional del Trabajo a efectos de su buen

funcionamiento;

ii) el desarrollo y el mantenimiento de la capacidad operacional

y en materia de políticas;

iii) la efi ciencia y la efi cacia respecto de la utilización de

los recursos, los procesos de gestión y las estructuras

institucionales;

iv) la idoneidad de las competencias y la base de conocimientos,

y la efi cacia de las estructuras de gobernanza;

v) la promoción de alianzas efi caces en el marco del

sistema multilateral y de las Naciones Unidas para

reforzar los programas y actividades operacionales de

la OIT o promover de todas las formas posibles sus

objetivos; y

vi) la elaboración, actualización y promoción de la lista

de normas que revistan mayor importancia en relación

con la gobernanza1.2

Comprender la situación y las necesidades de los Miembros

y responder a las mismas

B. La Organización establecerá un sistema de discusiones

recurrentes por la Conferencia Internacional del Trabajo

1 El Convenio sobre la inspección del trabajo, 1947 (núm. 81), el Convenio sobre

la política del empleo, 1964 (núm. 122), el Convenio sobre la inspección del trabajo

(agricultura), 1969 (núm. 129), y el Convenio sobre la consulta tripartita (normas

internacionales del trabajo), 1976 (núm. 144), así como las normas que se indiquen

en futuras listas actualizadas.

21

basado en las modalidades acordadas por el Consejo de

Administración, sin duplicar los mecanismos de control

de la OIT, a fi n de:

i) comprender mejor las diversas situaciones y necesidades

de sus Miembros con respecto a cada uno de los

objetivos estratégicos y responder con mayor efi cacia

a las mismas, utilizando para ello todos los medios de

acción de que dispone, con inclusión de la labor normativa,

la cooperación técnica, y la capacidad técnica

y de investigación de la Ofi cina, y ajustar sus prioridades

y programas de acción en consecuencia; y

ii) evaluar los resultados de las actividades de la OIT

con objeto de respaldar las decisiones relativas al programa

y el presupuesto así como otras decisiones de

gobernanza.

Asistencia técnica y servicios de asesoramiento

C. Previa solicitud de los gobiernos y de las organizaciones

representativas de trabajadores y de empleadores, la Organización

proporcionará toda la asistencia apropiada que

prevea su mandato para apoyar los esfuerzos de los Miembros

con miras a avanzar hacia la consecución de los objetivos

estratégicos mediante una estrategia nacional y/o

regional integrada y coherente; esto incluye:

i) reforzar y coordinar sus actividades de cooperación

técnica en el marco de programas por país en pro del

trabajo decente y en el del sistema de las Naciones

Unidas;

ii) proporcionar conocimientos técnicos y asistencia de

carácter general, que cada Miembro podrá solicitar a

efectos de la adopción de una estrategia nacional, y

explorar alianzas innovadoras para la puesta en práctica;

22

iii) elaborar herramientas apropiadas para evaluar efi cazmente

los progresos realizados y las repercusiones que

otros factores y políticas puedan tener en los esfuerzos

de los Miembros; y

iv) tener en cuenta las necesidades especiales y las capacidades

de los países en desarrollo y de las organizaciones

representativas de trabajadores y de empleadores,

incluso mediante la movilización de recursos.

Investigación y recopilación e intercambio de información

D. La Organización adoptará medidas apropiadas para ampliar

su capacidad de análisis, su base de conocimientos empíricos

y la comprensión de la forma en que los objetivos

estratégicos interactúan entre sí y contribuyen al progreso

social, a la sostenibilidad de las empresas, al desarrollo

sostenible y a la erradicación de la pobreza en la economía

mundial. Esas medidas podrían incluir el intercambio tripartito

de experiencias y buenas prácticas en los planos

internacional, regional y nacional, en el marco de:

i) estudios realizados sobre una base ad hoc con la

colaboración voluntaria de los gobiernos y de las

organizaciones representativas de empleadores y de

trabajadores de los países interesados; o

ii) cualquier otro tipo de mecanismos comunes, como los

exámenes inter pares, que los Miembros interesados

deseen establecer o en los que deseen participar voluntariamente.

III. Evaluación por la Conferencia

A. Las repercusiones de la Declaración, en particular la medida

en que haya contribuido a promover, entre los Miembros,

los fi nes y objetivos de la Organización con miras a la

23

consecución integrada de sus objetivos estratégicos, serán

objeto de evaluación por la Conferencia, evaluación que

podrá repetirse cada cierto tiempo, en el marco de un punto

inscrito en su orden del día.

B. La Ofi cina preparará un informe que habrá de examinar

la Conferencia a efectos de evaluar las repercusiones

de la Declaración; dicho informe contendrá información

sobre:

i) las iniciativas o medidas tomadas en virtud de la

presente Declaración, información que podrán proporcionar

los mandantes tripartitos a través de los

servicios de la OIT, en particular en las regiones, o

proceder de cualquier otra fuente fi dedigna;

ii) las medidas tomadas por el Consejo de Administración

y la Ofi cina para hacer un seguimiento de las

cuestiones pertinentes relativas a la gobernanza, la

capacidad y la base de conocimientos en relación con

la consecución de los objetivos estratégicos, con inclusión

de los programas y las actividades de la OIT y sus

consecuencias; y

iii) las posibles repercusiones de la Declaración en relación

con otras organizaciones internacionales interesadas.

C. Las organizaciones multilaterales interesadas tendrán la

posibilidad de participar en la evaluación de las repercusiones

y en la discusión correspondiente. Otras entidades

interesadas podrán asistir a la discusión y participar en la

misma por invitación del Consejo de Administración.

D. A la luz de su evaluación, la Conferencia extraerá conclusiones

en cuanto a la conveniencia de efectuar nuevas

evaluaciones o a la oportunidad de adoptar cualquier otro

tipo de medidas apropiadas.

24

El texto anterior es el texto de la Declaración de la OIT

sobre la justicia social para una globalización equitativa debidamente

adoptada por la Conferencia General de la Organización

Internacional del Trabajo en el curso de su nonagésima séptima

reunión, celebrada en Ginebra y cuya clausura se declaró el

13 de junio de 2008.

EN FE DE LO CUAL lo hemos fi rmado este decimotercer

día de junio de 2008:

El Presidente de la Conferencia,

EDWIN SALAMIN JAEN

El Director General de la Ofi cina Internacional del Trabajo,

JUAN SOMAVIA